La maldición en edificios de España y las historias reales detrás de sus fantasmas

Noviembre 11 2020.

Por: Redacción Digital La Región Colombia

Fuente: El Pais

Los empleados del turno de noche del Reina Sofía viven atemorizados, en la casa Cervantes Vélez ya conviven con el hombre sin rostro y nadie quiere enfrentarse a los viajeros fantasma del andén de Rocafort en Barcelona

lPocas cosas producen sentimientos tan encontrados como las historias de terror. Esa inyección tan gratificante de adrenalina que nos produce pasarlo mal tiene una explicación científica, a diferencia de muchos de los fenómenos que rodean a tantos edificios en los que se han producido crímenes, muertes sin resolver o que han sido guarida de lo peor de la condición humana.

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Son centenares las leyendas que circulan en torno a lugares malditos en España. Seleccionamos algunas historias.

Quizá durante las visitas teatralizadas a la casona, en la que el autor de El Quijote estuvo alojado en los tiempos en que era recaudador de Hacienda, el turista no pueda ver más que un típico patio andaluz de una casa noble en lo que los romanos dieron en llamar Bellix Malaca (valle de Málaga). Es por la noche cuando, según cuentan los trabajadores, los sonidos y las visiones inexplicables rondan entre las arcadas.

El hombre sin rostro de la casa Cervantes Vélez (Málaga)

Casa Cervantes Vélez, en Málaga. TRIPADVISOR

Quizá durante las visitas teatralizadas a la casona, en la que el autor de El Quijote estuvo alojado en los tiempos en que era recaudador de Hacienda, el turista no pueda ver más que un típico patio andaluz de una casa noble en lo que los romanos dieron en llamar Bellix Malaca (valle de Málaga). Es por la noche cuando, según cuentan los trabajadores, los sonidos y las visiones inexplicables rondan entre las arcadas.

Todo comenzó, dicen los relatos populares, tras unas obras de mejora y refuerzo de los cimientos del pozo en 1985. La leyenda se hizo fuerte cuando un grupo de empleados de los servicios de la limpieza decidieron emprender en 1994 una huelga a modo de encierro en el palacete. Hacia las nueve de la tarde, una vez que colocaron sus cosas, uno de ellos oyó un ruido extraño en el patio y los pasos de alguien que llevaba la ropa mojada. “Imaginaciones mías”, pensó. Al poco, el sonido se hizo más intenso y al asomarse vio la figura de un hombre sin rostro junto a una de las columnas del patio.

Enseguida se encontró la historia trágica que daría significado al suceso: hace más de 200 años, un hombre que vivió en la casa cayó al pozo una noche que se asomó para sacar agua. Era tan estrecho que no pudo darse la vuelta y murió ahogado. Cuando lo encontraron, tenía el rostro deformado por las contusiones, azulado por el ahogamiento e hinchado por el agua. Tan terrorífico era su aspecto que decidieron taparlo con una bolsa de tela negra. El hombre sin rostro había quedado encerrado en la casa; tras ser liberado por las reformas en el pozo de los años ochenta, vaga por las estancias y el patio arrastrando sus ropas mojadas.

Raimunda, la niña que llora en el palacio de Linares (Madrid)

Palacio de Lineares in Madrid, Spain. HENRYK SADURA / GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO

De la felicidad al horror, según la leyenda, pasaron solo unos pocos años en este palacio neobarroco de inspiración francesa, en plena plaza de Cibeles de Madrid. Construido por José Murga y Reolid, hijo de una rica familia vasca que había hecho fortuna en Cuba, y su mujer, Raimunda de Osorio y Ortega, de buena familia pero de padre desconocido, el palacete tenía toda clase de lujos: caballerizas, una casa de muñecas en el jardín y una imponente escalera de mármol de Carrara diseñada por Manuel Aníbal Álvarez.

Al poco de mudarse a su nueva vivienda, aunque las obras no habían terminado aún, la pareja descubrió el secreto familiar tantos años guardado: la identidad del padre de la joven que no era otro que el del propio Murga. Esta información no podía salir a la luz, pues con ella peligraba su altísimo estatus en la sociedad española, en la que no solo eran una de las parejas más adineradas, sino también marqueses de Linares y vizcondes de Llanteno. Así que solicitaron al papa Pío IX una bula para poder convivir en castidad. El problema es que el matrimonio ya había tenido una hija, de nombre también Raimunda.

La niña debía desaparecer. Las versiones sobre su muerte son dispares: unas fuentes cuentan que fue emparedada en algún lugar del palacio; otras, que la enterraron en el jardín después de ahogarla. Todo esto explicaría, según esta fantasiosa historia, por qué hoy hay quienes escuchan lamentos en el interior del palacio desde entonces hasta la actualidad.

El fantasma que deambula por el tejado de la casa de las Siete Chimeneas (Madrid)

Las siete chimeneas que dan nombre a la antigua residencia del marqués de Esquilache, en la plaza del Rey de Madrid.MCU.ES

La plaza del Rey, todo un clásico de la ruta del vermut en la capital, también esconde un terrorífico capítulo. En una de sus calles se encuentra la antigua residencia del marqués de Esquilache, un edificio de fachada señorial que proyectó siglos antes el arquitecto Antonio Sillero para el erudito Pedro de Ledesma. Se la conoce como la casa de las Siete Chimeneas por los conductos que sobresalen en el exterior de su fachada y que, popularmente, se asociaron con los siete pecados capitales.

La leyenda más escalofriante que alberga uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil del siglo XVI que quedan en pie en Madrid se aviva cuando cae la noche. El origen de la historia nos remonta a la alcoba de Felipe II. Según los relatos de la época, el rey mantuvo un intenso idilio con una mujer llamada Elena Méndez durante su matrimonio con Ana de Austria, que quiso cortarlo de raíz desposando a la amante de su marido con el capitán Zapata. Además, para evitar tentaciones, el monarca debía establecer el domicilio conyugal de la nueva pareja lejos de palacio, en esta vivienda histórica del barrio de Chueca.

El conjuro de la distancia no funcionó y las relaciones extramatrimoniales continuaron hasta que Elena fue encontrada muerta en extrañas circunstancias. La teoría inicial de que había muerto de pena tras perder a su marido en la guerra se desmoronó cuando los sirvientes afirmaron haber visto marcas de cuchillo por todo su cuerpo. En el transcurso de la investigación para determinar la verdadera causa de su muerte, el cuerpo sin vida de Elena desapareció. A pesar de la exhaustiva búsqueda, fue imposible encontrarlo; y corrió el rumor de que fue su padre quien la enterró sin ataúd en el jardín, antes de ahorcarse él mismo en el patio de la casa. Desde entonces, varias personas afirman haber visto a la mujer vestida de blanco vagar por el tejado, con una antorcha en la mano que señala al Alcázar donde vivía Felipe II.

Esta historia cobró fuerza en el siglo XIX, durante las reformas del edificio como sede del Banco Castilla, cuando apareció el esqueleto de un mujer con siete monedas de oro en la mano. Dicen que son las mismas que el monarca mandó a Elena y Zapata en símbolo de arras, y con las que su padre la enterró en el jardín de la casa.

¡Información como debe ser!

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